Publicado en Poesía el 3 de Febrero, 2008, 11:18
por Fernando Luis Pérez Poza
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HIMNO A LA MUJER
Mujer, eres alba, espuma, nácar, lluvia que derrota la sequía, fuente de besos y volcanes o el corazón salvaje del viento derramando un vendaval de ternura.
Por tus venas corre la salitre de los mares, la savia azul del universo, el rosal abierto y palpitante de la luz latiendo primaveras nuevas.
En tus labios hay sonrisas de sirena, palabras que suenan a mariposas blancas y encienden antorchas en la tiniebla de mi tristeza y derriten el hielo de todas las distancias.
Mujer, remolino de sol y fuego, desbordada marea de caricias en cuyas olas navegan mis sueños y se despeñan todos mis silencios, eres luna con sabor a seda, carnaval de chispas que teje mis relámpagos, huracán de lava que dilata mis fronteras.
¡Oh, caldera infinita del amor, bajel rotundo de velas desplegadas, dislocada tormenta de lascivia! ¿Hacia dónde me lleva la corriente desatada de tu loca pirotecnia? ¿Hacia qué destino me empujan los latidos de tu fértil fantasía? ¿Hacia que puerto me arrastran los vientos de tu ardiente singladura?
Septiembre 2001 © Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España
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Publicado en Poesía el 31 de Julio, 2005, 0:48
por El Taller del Poeta
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PARA TI
Áspera como el amor perdido, como el temblor desaliñado del aire, la tinta negra borrará el destino y el universo en el rubor se quebrará, se romperá, se morirá.
No tiene raíz el abecedario, no tiene tallo ni corola, sólo un pobre corazón para plantar letras que no crecen, y un silencio de abismo desahuciado que el poeta es incapaz de transformar en flores, frescas o secas, dulces o mustias, curvas o rectas.
¿Quién sobrevivirá al espanto de una piel desnucada?
Por muchas tierras que recorras y muchos aviones que tomes jamás llegarás al lugar donde la muerte es sólo sueño, sólo tranquilidad póstuma, sólo recuerdo.
Cuando me vaya sé que ya nunca volveré. Entonces tal vez tú aún seas leña verde que hace llorar al humo, tal vez tú seas gigante que se hace enano con tan solo pensar que una breve chispa del tiempo se considera infinito.
Está claro. La vida se va. Pudimos ser y no hemos sido. Dejamos correr el agua. No nos acostamos. Y, sin embargo, hay en mis manos caricias que saben a ti, dedos que buscan todavía el sabor del éter, el olor del éxtasis, el color del tuétano derretido con que se viste el carnaval de dados a los que siempre jugaste sin apostar nada.
Enero 2005©Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España. www.eltallerdelpoeta.com
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Publicado en Poesía el 31 de Julio, 2005, 0:43
por El Taller del Poeta
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TE OÍ VENIR
Te oí venir. Llegabas de todas partes jugando a la nada, a ráfagas deshojadas y jeroglíficos transparentes, a estrellas construidas con palabras húmedas y gélidos grumos de llanto.
La noria del éter giraba dentro tuya con aspas de guillotina inútil y una mariposa absurda llenaba tus ojos de falsas agujas y relojes de moho. Olías a sótano encerrado, a ventrículo oxidado, a escalera rancia de caracol desnudo que lleva a todas partes menos al cielo.
Era tu forma de tratar de escapar por el techo, sin capar la memoria de las truchas; tu manera particular de hacerle nudos al aire y estrangular el cero. Mordías con dientes de sal y encías de humo dislocado y gritabas vitrinas ciegas de soledad y desierto sin saber que la vida es solamente la distancia que te arrastra del pañal a la mortaja.
Junio 2005©Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España. www.eltallerdelpoeta.com
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Publicado en Poesía el 31 de Julio, 2005, 0:40
por El Taller del Poeta
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YO TAMBIÉN TE ESPERARÉ
Yo también te esperaré, apoyado en la línea curva o recta y trasparente que traza el aire al ser arrastrado por el viento; asomado sin tregua al balcón de tus ojos para ver siempre esa luz que promete el infinito.
Te esperaré en cada esquina del tiempo, como espera el verde a la pradera, envuelto en mil velos de esperanza y horizontes que humean soledad.
Esperaré cada segundo, cada minuto huérfano de latidos que estrangula el nudo del destino, cada milímetro de ausencia que tus dedos dibujan en mi piel.
Y nadie podrá callarme cuando grite, cuando mi voz estalle, cuando tu nombre en espiral remonte el vuelo y el húmedo zapato de mis olas trepe pendiente arriba el arenal de tus muslos y todo, todo este carnaval de horas sueñe, caduque o reviente.
Junio 2005©Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España. www.eltallerdelpoeta.com
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Publicado en Poesía el 31 de Julio, 2005, 0:38
por El Taller del Poeta
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ELEGÍA A UNA MUJER QUE AMÉ
Me ha dejado tu marcha un dolor solitario que en muchísimo tiempo no saldrá de mis venas, un dolor inhumano de cilicio y de espinas que se hunde sin tregua en lo más hondo del pecho.
Tu risa era tan sencilla, sincera y abierta, que cuando estallaba era cristal de mil colores que saltaba en pedazos y llenaba de esquirlas todos los rincones huecos de mi corazón.
Conocías las claves más secretas de mi alma, sabías de memoria el mapa de mis corales, y en el libro impreso de mis sueños eras siempre la página más bella que jamás se escribiera.
Tu cuerpo era salvaje, delirante en latidos, esencialmente puro, de fértil pedrería, tal vez con texturas y ternuras infinitas que nunca nadie pudiera haber imaginado.
Cuando descendías a la tierra y te entregabas -tú que eras ola ardiente en mitad de la tormenta- traías a mi vida el frenesí de las musas y el veneno mortal de su trémula serpiente.
En las tardes de invierno tus labios de alambique destilaban pétalos de nieve y rosas blancas, mareas desbordadas de sedas y suspiros que me hacían sentir la luz de tus relámpagos.
Pero también eras ave de paso, fugaz velero sin timón y sin vela que equivoca el rumbo y se despeña en el abismo sin fondo del tiempo eterno del que nunca se regresa.
Tus ojos eran tragaluces claros por donde se escurría una mirada limpia y sin fronteras en la que resonaban solemnes las campanas del amanecer, del mediodía, del crepúsculo.
Ahora eres sólo un recuerdo amargo y vacío, la voluta de un humo que fluye hacia el olvido y no sabe que detrás del último horizonte sólo hay ventanas para mirar a la muerte.
Septiembre 2001©Fernando Luis Pérez Poza Pontevedra. España. Del libro "Camino de la luz"
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